Nuestra misión

Vivir y hacer presente el amor de Dios

Evangelizar es acercarnos a la vida de las personas, compartir sus esperanzas y sufrimientos, y hacer visible el amor compasivo y misericordioso de Dios, especialmente junto a quienes viven situaciones de pobreza y vulnerabilidad.

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El envío que recibimos

Evangelizar haciendo presente el amor compasivo y misericordioso de Dios

Evangelizar —a través de la educación cristiana, de la pastoral en el campo de la salud, de la actividad misional y de los servicios apostólicos— viviendo y haciendo presente el amor compasivo y misericordioso de Dios, de manera preferencial entre quienes carecen de bienes espirituales, materiales y de cultura. Constituciones, artículo 7

Nuestra misión no consiste solamente en realizar actividades o sostener obras. Participamos en la misión evangelizadora de la Iglesia mediante una presencia que anuncia, acompaña, humaniza, cuida y sirve.

En cada lugar y circunstancia buscamos que las personas puedan experimentar el amor de Dios de manera concreta: en una palabra que consuela, una oportunidad que transforma, un cuidado que dignifica o una comunidad que acoge.

Evangelizar

Anunciar el amor de Dios con la vida y el servicio.

Humanizar

Reconocer y promover la dignidad de cada persona.

Servir

Responder de manera concreta a las necesidades de la realidad.

Nuestra fuente

El amor de Dios nos habita y nos envía

El Sagrado Corazón de Jesús es la inspiración de nuestra vida y misión. En Él contemplamos un amor que se acerca, escucha, se compadece y responde. Por eso, la misión cazariana no nace primero de una actividad, sino de una experiencia: reconocernos profundamente amados por Dios y permitir que ese amor se convierta en servicio.

Caridad hecha servicio a los pobres

Contemplar

Reconocer la presencia y el amor de Dios en la vida.

Dejarse tocar

Mirar la realidad con sensibilidad y compasión.

Responder

Convertir el amor recibido en presencia y servicio.

José María Cázares y Martínez

Una herencia viva

Mirar la realidad con compasión y responder con obras

José María Cázares y Martínez no conoció las necesidades de su pueblo desde la distancia. Recorrió su diócesis, escuchó a las personas y compartió sus caminos. Conoció sus gozos, sufrimientos y esperanzas, y respondió promoviendo la evangelización, la educación, la salud, la formación y la participación de diversos colaboradores.

Su misión nació de una mirada compasiva, especialmente hacia los pobres, los indígenas, las mujeres, los niños y las personas enfermas.

Salir

Acercarse a la realidad.

Escuchar

Conocer gozos y heridas.

Compadecerse

Dejarse tocar.

Responder

Actuar con caridad.

Caminar con otros

Compartir la misión.

Perseverar

Servir con fidelidad.

La misión comienza cuando la realidad deja de ser ajena.

Nuestra opción

Estar con y en medio del pueblo

La misión nos lleva preferentemente hacia quienes carecen de bienes espirituales, materiales y culturales; hacia las personas y comunidades cuya dignidad, salud, educación, seguridad o esperanza se encuentran amenazadas.

Nos acercamos para escuchar, aprender, acompañar y construir juntos caminos de vida más dignos, fraternos y esperanzadores.

Donde la dignidad es vulnerada

Personas y comunidades afectadas por pobreza, violencia, exclusión o discriminación.

Donde la vida necesita cuidado

Personas enfermas, mayores, solas o en situaciones de fragilidad.

Donde faltan oportunidades

Niñas, niños, jóvenes, mujeres y familias con acceso limitado a educación, formación o desarrollo.

Donde se necesita esperanza

Comunidades con escasa presencia evangelizadora, acompañamiento pastoral o redes de apoyo.

Acompañar no es sustituir la voz del otro, sino caminar a su lado.

Un modo de hacer misión

No solo importa lo que hacemos, sino cómo lo vivimos

La misión cazariana se expresa en un modo concreto de estar con las personas: con sencillez, cercanía, alegría, compasión, solidaridad y laboriosidad. Estos rasgos son una forma de hacer visible el amor de Dios en cada relación, servicio y presencia.

Sencillez

Servir sin buscar protagonismo, reconociendo el valor de lo cotidiano.

Cercanía

Compartir la vida de las personas, escucharlas y permanecer a su lado.

Alegría

Comunicar esperanza y confianza aun en medio de las dificultades.

Compasión

Dejarse tocar por el sufrimiento y responder con sensibilidad.

Solidaridad

Caminar con otros, compartir sus causas y defender su dignidad.

Laboriosidad

Realizar cada servicio con constancia, responsabilidad y entrega.

Caminamos juntos

Una misión compartida, un solo cuerpo al servicio de la vida

La misión del Instituto no se realiza de manera aislada. Hermanas, laicas, laicos, familias, educadores, profesionales, agentes pastorales y colaboradores aportan sus dones para hacer presente el amor de Dios en distintos ambientes y realidades.

Compartir la misión no significa únicamente distribuir tareas. Significa reconocernos llamados por Dios, discernir juntos, asumir responsabilidades y construir comunidades apostólicas al servicio del pueblo.

Diversidad de vocaciones

Cada persona participa desde su propia identidad, historia y estado de vida.

Corresponsabilidad

La misión se discierne, organiza y sostiene con la participación de todos.

Comunión

El servicio compartido crea vínculos, comunidad y pertenencia.

Fidelidad creativa

Escuchar los signos de los tiempos y abrir nuevos caminos

La fidelidad a la misión exige escuchar continuamente a Dios en la realidad. Las formas de pobreza cambian, surgen nuevas heridas y aparecen también nuevas posibilidades de encuentro, colaboración y servicio.

Por eso discernimos nuestras obras, estructuras y presencias para responder con creatividad a los desafíos del presente, sin perder el hilo del carisma recibido.

Reconstruir el tejido social

Promover relaciones fraternas, cultura de paz, reconciliación y espacios seguros.

Cuidar la Casa Común

Responder al clamor de la tierra y de los pobres mediante una conversión ecológica concreta.

Proteger la dignidad y la vida

Acompañar especialmente a niñas, niños, mujeres, personas enfermas y comunidades vulnerables.

Formar nuevas generaciones

Educar, acompañar y ofrecer horizontes de esperanza a jóvenes, familias y comunidades.

La fidelidad al carisma no consiste en repetir el pasado, sino en llevar su fuerza al presente.

La misión se hace vida

Un mismo envío, diversas formas de servir

La misión recibida se encarna en distintos campos apostólicos, según las necesidades de las personas, los pueblos y la Iglesia. Cada presencia expresa, desde su realidad concreta, el mismo carisma de caridad hecha servicio.

Red de Colegios

Educar y evangelizar formando personas capaces de transformar su realidad.

Conoce la Red de Colegios →

Misión ad gentes

Salir al encuentro de otros pueblos, culturas y realidades.

Conoce la misión en Chad →

Hospitalidad y servicio cotidiano

Servir desde lo sencillo, sosteniendo la vida comunitaria y eclesial.

Descubre este apostolado →

La misión continúa

La misión continúa contigo

Cada vocación, cada gesto de caridad y cada compromiso compartido pueden hacer presente el amor de Dios en el mundo.

Todo por Dios y en todo Caridad.